Orar juntos es una expresión poderosa de la iglesia. A lo largo de la Biblia vemos cómo Dios responde cuando Su pueblo se une con un mismo corazón y una misma voz. Cuando oramos juntos, nuestros corazones comienzan a alinearse con lo que es más importante para Dios, y nuestra unidad como Cuerpo de Cristo se fortalece. Nos recuerda que la fe no fue diseñada para vivirse en soledad, sino para caminarla juntos.
Durante estos 21 días, nuestro deseo es ser transformados personalmente y, al mismo tiempo, unirnos como iglesia para buscar a Dios por Su obra en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo. Nos humillamos delante de Él, buscamos Su presencia, cargamos los unos las cargas de los otros y permitimos que el Espíritu Santo llene nuestras vidas y traiga sanidad. Este camino comienza justo donde estamos: en nuestros hogares y en nuestra iglesia local, una iglesia llamada a impactar a su comunidad.
Durante la primera semana de nuestro recorrido de 21 días, estaremos ayunando juntos. Te invitamos a unirte mientras apartamos este tiempo para vaciarnos de nosotros mismos e invitar el poder transformador de Dios a nuestras vidas.
Acompáñanos en Calvary Church para orar juntos. Estos tiempos de oración están programados alrededor de los horarios de comida (ya que también estamos en semana de ayuno). Calvary Español se unirá a nosotros en estos tiempos de oración bilingüe.
- Lunes: 12–1 p.m., 7–8 p.m. (capilla)
- Martes: 12–1 p.m., 7–8 p.m. (capilla))
- Miércoles: 12–1 p.m. (capilla), 7–8 p.m. (Fellowship Hall: Servicio Bilingüe)
- Jueves: 12–1 p.m. (capilla), 7–8 p.m. (Fellowship Hall: Servicio de Oración para Jóvenes Adultos)
- Viernes: 12–1 p.m., 7–8 p.m. (capilla)
Sábado: 12–1 p.m. (capilla)
Nuestra semana de ayuno culmina con un servicio especial de unción. Durante nuestros servicios dominicales, abriremos un tiempo para que las personas pasen al frente y reciban oración. Creemos que el poder de Dios se manifiesta a través de la imposición de manos.
Si has estado orando por un rompimiento en tu vida, ven con fe creyendo que Dios responde a la oración. Este tiempo especial se llevará a cabo durante nuestros servicios regulares de las 9:00 a.m. y 11:00 a.m.
Nos encantaría escuchar lo que Dios está haciendo en tu vida y en tu familia durante estos 21 días.
Comparte tu historia en nuestra aplicación o haz clic aquí!
El ayuno es una práctica alentada y modelada a lo largo de toda la Escritura. Es la negación intencional de necesidades y deseos físicos para dar prioridad al hambre espiritual por encima de los impulsos naturales. La Biblia describe el ayuno como un acto de humildad. Es una disciplina profundamente arraigada en la fe cristiana, practicada por Jesús, los apóstoles y la iglesia primitiva. Elige el tipo de ayuno que mejor ayude a enfocar tu corazón: los ayunos de alimentos pueden ser completos (como solo agua o jugos) o parciales (como eliminar el azúcar o la cafeína). Los ayunos al estilo de Daniel permiten únicamente ciertos alimentos. También es bíblico abstenerse de otras comodidades o placeres (1 Corintios 7:5).Ayunar no es dejar algo “malo” (eso es arrepentimiento). Ayunar es dejar algo bueno, necesario o placentero para enfocar nuestro corazón en la oración. Es mucho más que saltarse comidas o renunciar a comodidades. A través del ayuno, silenciamos las distracciones, reconocemos la prioridad de nuestra necesidad espiritual sobre las provisiones físicas y materiales, y alineamos nuevamente nuestro corazón con Dios.
Como enseñó Jesús en Mateo 5:6: “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.” (NTV)
Nota: Las personas con condiciones médicas, especialmente quienes tienen o han tenido trastornos alimenticios, quienes toman medicamentos o están embarazadas, deben consultar a un médico antes de comenzar cualquier tipo de ayuno.
Comenzamos reconociendo la santidad, la majestad y el poder de Dios. ¡Él es el único Dios! Él es santo.
Tal como Jesús nos enseñó, comenzamos con un acto de honra: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre.” Que tus oraciones en este día exalten al Señor. Ofrécele alabanza, adoración y honra, porque solo Él es digno.
Dios es la fuente de toda bendición. Desde el aliento en nuestros pulmones hasta el gozo de la salvación, existimos y somos sostenidos por Su generosidad. Él no da con mezquindad, sino en abundancia, para que esa abundancia se derrame sobre otros. Reflexiona hoy en los regalos que a menudo pasas por alto. Permite que la reflexión se convierta en alabanza y la gratitud en acción de gracias. Nuestro Dios no carece ni retiene, lo que significa que nosotros tampoco carecemos. La generosidad comienza con la conciencia de que toda provisión proviene de Dios.
Él es el alfarero y nosotros somos el barro. Esto significa que Dios tiene en Sus manos nuestra historia, nuestras familias, nuestra comunidad, nuestro pasado, presente y futuro. Su soberanía sobre todas las cosas es razón suficiente para humillarnos delante de Él.
Su santidad y fidelidad nos invitan a rendirnos por completo a Aquel que es la fuente misma de nuestra vida.
Tal como Jesús nos enseñó, oramos: “Venga tu reino, hágase tu voluntad.” Que tus oraciones hoy expresen una entrega total y sincera al Rey de reyes.
El ayuno nos humilla y nos recuerda que hay cosas en nuestra vida que solo Dios puede hacer. También nos afirma que Él escucha nuestras oraciones, responde y obra todas las cosas para bien de quienes lo aman y son llamados conforme a su propósito.
Como Jesús nos enseñó, oramos: “Danos hoy nuestro pan de cada día.” Que tus oraciones hoy reconozcan que solo Él puede suplir nuestras verdaderas necesidades, y que Él es fiel para hacerlo.
A través del ayuno y la oración, somos confrontados con nuestro pecado. Hay pecados de los que somos conscientes y que tratamos de ocultar o ignorar. Otros son tan engañosos que ni siquiera nos damos cuenta de cómo influyen en nuestro corazón.
Como Jesús nos enseñó, oramos: “Perdona nuestros pecados.” Que tus oraciones hoy inviten a Dios a revelar tu corazón y tus motivaciones. Vuélvete de todo pecado con un arrepentimiento sincero, y recibe Su perdón y la renovación de tu espíritu.
Al reconocer lo poco que merecemos el perdón de Dios y cuán grande ha sido la misericordia que hemos recibido, somos llevados a extender ese mismo perdón a quienes nos han fallado. Su gracia hacia nosotros nos llama a vivir con un corazón libre de amargura.
Como Jesús nos enseñó, oramos: “Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.” Que tus oraciones hoy reconozcan que, al pedir, Él nos da la gracia para perdonar aun lo más difícil. Perdona, sana tu corazón y sé libre para recibir las bendiciones que Dios tiene para ti.
La tentación llega a través de la debilidad humana y se aprovecha de nuestras necesidades y deseos. No podemos enfrentar las batallas espirituales con fuerza humana, voluntad propia o intelecto. Jesús nos mostró que la Palabra de Dios es el arma con la que vencemos la tentación (Deuteronomio 8:3). Ella es nuestra espada espiritual.
Como Jesús nos enseñó, oramos: “No nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal.” Que tus oraciones hoy estén llenas de la Palabra de Dios. Ora para que Él nos guíe, nos fortalezca y nos conceda victoria en cada batalla espiritual, sabiendo que solo Él puede guardarnos de caer.
Ayunamos y oramos para buscar la presencia de Dios. Clamamos a Él para que Su reino y Su gloria llenen nuestras vidas y nuestro mundo.
Como Jesús nos enseñó, oramos: “Tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre.” Que tus oraciones hoy sean un clamor profundo por Su presencia. Un clamor para que Él sea glorificado en nosotros. Esa es una petición que Él siempre responde. Ora con la expectativa de que Dios ve, escucha y se manifiesta cuando lo buscamos con todo el corazón.
“Así que, amados hermanos, les ruego por la misericordia de Dios que ofrezcan su cuerpo como sacrificio vivo y santo, agradable a Dios; este es el verdadero culto que deben ofrecerle. No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, sino dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.”
Antes de pedirle a Dios que obre en las circunstancias que nos rodean, comenzamos permitiendo que Él obre en nuestro interior. Si hemos de ser un pueblo santo y agradable a Dios, un pueblo que le adore en espíritu y en verdad, debemos decidir buscar primero Su reino por encima del nuestro. Esto lo hacemos al consagrarnos a Él.
Consagrarse significa “apartarse” o dedicarse completamente para un propósito específico. En estas oraciones, nos apartamos para ser el pueblo de Dios: un pueblo en quien habita Su Espíritu Santo y que vive conforme a Su Palabra y a Sus caminos.La semana anterior de ayuno y oración estableció un fundamento al priorizar nuestra vida espiritual por encima de lo natural. En esta semana, mantenemos ese mismo corazón mientras dirigimos nuestras oraciones con mayor intención, buscando Su rostro y pidiendo que nos unja y nos llene de Su Espíritu para vivir conforme a Su propósito y para Su gloria.
La bendición de Dios tiene un propósito. Dios está obrando para restaurar a toda la humanidad en Él. A esto se le conoce como la missio Dei —la misión de Dios. Así como Abraham fue bendecido para ser bendición a todas las naciones, hoy declaramos la bendición de Dios sobre Su pueblo y pedimos Su unción —símbolo de la cobertura del Espíritu Santo— para ser apartados con un propósito divino.
Oremos para que la bendición de Dios fluya a través de nosotros y alcance a otros. Nos apartamos para servir al Señor, dedicando nuestras vidas a Su propósito y a Su gloria.
Ayunamos y oramos para escuchar la voz de Dios con claridad. Deseamos ser consagrados para la obra que Él ha preparado para nosotros. Esto implica no solo escuchar Su llamado, sino también obedecerlo y caminar fielmente en aquello para lo cual Él nos ha apartado.
Oremos para ser oyentes fieles y hacedores de la Palabra de Dios, permitiendo que Su poder obre en y a través de nosotros. Nos apartamos para escuchar del cielo y responder con obediencia a todo lo que Él nos llame a hacer.
La presencia y el poder del Espíritu Santo nos capacitan para mantenernos firmes en la fe en un mundo que no honra a Dios. Él no solo garantiza nuestro futuro, sino que también nos da la fortaleza para perseverar, vencer nuestras propias luchas internas y permanecer firmes en medio de la oposición espiritual y cultural.
Oremos por una unción que no solo nos permita mantenernos firmes, sino avanzar el reino de Dios en la tierra como en el cielo. Nos apartamos para vivir firmes en la fe y caminar en el poder del Espíritu.
El Dios que nos reconcilia consigo mismo también nos une unos con otros. La unidad no es algo fácil ni automático; tiene un costo. La paz que hoy disfrutamos fue comprada por Jesús a través de su sacrificio en la cruz, restaurando nuestra relación con Dios y entre nosotros.
Oremos por una unidad continua en nuestra iglesia, una iglesia formada por muchas naciones y culturas, para que seamos un reflejo del amor de Cristo y un instrumento de sanidad para un mundo dividido. Nos apartamos para amar como Dios ama.
Vivimos en un mundo de relativismo, donde abundan las noticias falsas, las opiniones y las voces que afirman que cada persona tiene “su propia verdad”. Sin embargo, la Palabra de Dios nos recuerda que solo hay una verdad que libera y permanece para siempre. El mundo herido y confundido no necesita nuestras opiniones, sino la verdad eterna y confiable de Dios.
Oremos hoy para que el Espíritu Santo nos hable y hable a través de nosotros, guiándonos a toda verdad. Nos apartamos para ser un pueblo que camina en la verdad y la proclama con amor y fidelidad.
Acercarnos a Dios implica consagrar nuestro corazón y nuestra mente. No siempre podemos controlar cada pensamiento que llega a nuestra mente, pero sí podemos decidir en qué pensamientos nos detenemos, qué meditamos y qué permitimos que forme nuestros deseos. La consagración nos llama a dejar atrás la doble intención: querer a Dios y, al mismo tiempo, aferrarnos a aquello que no le agrada. Consagrar nuestra mente es reconocer que el poder del Espíritu Santo nos capacita para vivir con un corazón puro y sin división.
Oremos hoy para que el Espíritu Santo guarde nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús. Nos apartamos para pensar en todo lo que es verdadero, honesto, justo, puro, digno y digno de alabanza.
Al cerrar esta semana de consagración y prepararnos para entrar en una semana de intercesión, recordamos que nuestra consagración solo es posible por el poder del Espíritu Santo. Nuestro Dios es poderoso para guardarnos, sostenernos y llevarnos hasta el final. ¡Él es fiel y cumplirá Su obra en nosotros!
Oremos hoy exaltando a Dios por Su poder soberano como Creador, por Su gran amor y por Su fidelidad al responder cuando oramos conforme a Su voluntad. Nos apartamos para magnificar al Señor con todo nuestro corazón.
La oración de intercesión es para todos los creyentes, no solo para los “más espirituales”. A lo largo de la Escritura, vemos a Dios buscando personas dispuestas a ponerse en la brecha: personas que carguen las cargas de otros y oren con fe por un mover sobrenatural de Dios.
La fe en Dios es el fundamento de toda intercesión. Creemos que Él puede sanar, restaurar, proveer, transformar y aun despertar naciones enteras. Tenemos fe en que Dios actúa en respuesta a nuestras oraciones. La fe no niega la realidad; reconoce una realidad mayor: que Dios está presente y tiene el poder para intervenir. Nada es imposible para el Creador que todo lo sabe, todo lo puede y está en todo lugar.
La intercesión también nos lleva más allá de nuestras propias necesidades y nos conecta con el corazón de Dios para el mundo. Estos últimos siete días nos llaman a orar con valentía por avivamiento, restauración y por un derramamiento del Espíritu Santo sobre la tierra, así como en el cielo.
Comenzamos esta semana entrando en la presencia de Dios con un corazón agradecido. La gratitud abre nuestro corazón a Su presencia.
Al recordar Su fidelidad a lo largo de la Escritura y en nuestra propia vida, nuestra fe se fortalece y brota una alabanza sincera desde lo más profundo de nuestro ser.Alaba a Dios hoy recordando Su bondad, para que tu fe sea fortalecida. ¡Si Él lo hizo antes, puede hacerlo otra vez!
Así como Nehemías se quebrantó al ver la condición física y social de su pueblo, Jesús también lloró por Jerusalén al ver su condición espiritual. Nehemías fue movido por la necesidad visible; Jesús fue movido por la ceguera espiritual que llevaba a la destrucción.
Hoy pidamos a Dios un corazón como el suyo: un corazón sensible que vea a las personas como Él las ve y se mueva con compasión. Nada impulsa más la intercesión que un corazón lleno del amor y la compasión de Cristo.
Cada generación es importante y tiene un propósito dentro del plan de Dios. Él desea que ninguno se pierda, sino que todos lleguen al arrepentimiento. Por eso intercedemos para que haya un derramamiento del Espíritu Santo sobre jóvenes y adultos por igual. Oramos por el cumplimiento de lo que fue profetizado y manifestado en Pentecostés: una obra de Dios que alcanza a todas las generaciones.
Hoy pidamos al Señor que restaure las familias y traiga unidad entre padres e hijos. Él es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de todas las generaciones.
La Escritura nos enseña que Dios no solo perdona y sana cuando nos humillamos delante de Él, sino que también restaura y renueva de una manera aún mayor. Él es un Dios de abundancia, capaz de redimir lo que parecía perdido.
Hoy oremos para que Dios supla, sane y restaure todo aquello que ha sido afectado o dañado. Oremos por nuestras propias vidas, por nuestras familias y por nuestra comunidad. Creemos que Dios es fiel para devolver, sanar y traer vida nueva donde hubo pérdida.
Quizá una de las enseñanzas más difíciles de toda la Biblia es esta: amar a quienes nos han herido. No es algo natural ni fácil, pero refleja el corazón de Dios, quien demostró su amor por nosotros aun cuando éramos sus enemigos. La intercesión no se limita a quienes amamos; también incluye a aquellos que nos han causado dolor.
Hoy, ora para que Dios bendiga a quienes te han lastimado. Ora por su perdón y por una transformación en sus corazones. Pide que, algún día, puedas encontrarte con ellos en la presencia de Dios con gozo y paz. Orar de esta manera es vivir el amor de Cristo, quien nos amó primero cuando aún estábamos lejos de Él.
La intercesión no es solo por quienes están cerca de nosotros. Incluye también a nuestros hermanos y hermanas en la fe que sufren en distintas partes del mundo. Abarca no solo a la familia de Dios, sino a todos aquellos que aún necesitan conocer Su luz y Su vida. La intercesión es clamar por todas las personas, para que conozcan a Dios, experimenten Su salvación, sanidad, restauración y bendición. Nos invita a alegrarnos con los que se alegran y a llorar con los que sufren.
Hoy oremos por un mover de Dios en todo el mundo. Oremos para que todas las personas lleguen a conocer y servir al Dios vivo, y para que Su Espíritu sea derramado sobre toda la humanidad.
Concluimos este tiempo de oración reconociendo que todo en nuestra vida depende de Dios. Él es quien nos sostiene y quien sostiene al mundo entero.
Él verdaderamente tiene el control, y Él es verdaderamente bueno. Al ayunar, orar, consagrarnos y buscar Su presencia, lo hacemos para que Cristo sea glorificado y reine con autoridad en nuestras vidas, en nuestra iglesia, en nuestra comunidad y en el mundo entero.Hoy oremos para que Dios cumpla Sus propósitos en nosotros y a través de nosotros, para que Su nombre sea exaltado en toda la tierra.
Oremos para que Su Espíritu esté con nosotros y en nosotros, así como está en el cielo. Clamemos para que Dios haga lo que solo Él puede hacer, mientras permanecemos rendidos, dependientes y consagrados a Su gloria.