¿Qué es la unción?

En el Antiguo Testamento, la unción se hacía derramando aceite sobre la cabeza de una persona como símbolo de consagración al Señor y como reconocimiento de que Dios había escogido a esa persona para guiar a otros como su representante. En este caso, el aceite era un símbolo de la presencia del Espíritu Santo. También era común usar el aceite con fines medicinales para las personas enfermas.

Cómo ungir con aceite

1. Prepara tu corazón con expectativa y fe en Dios. Es el poder de Su Espíritu —no la grandeza de nuestra fe— lo que hace posible lo imposible.
2. Reúne a tu familia o acércate a la persona que necesita oración.
3. Con tu dedo, coloca un poco de aceite en la frente, la mano o ambas cosas de cada miembro de la familia.¡Ora! Ora para que las necesidades sean suplidas, ya sea sanidad, provisión, sabiduría u otra cosa.
4. Ora para encomendarte a ti mismo y tus circunstancias a Dios. Ora invitando a Su Espíritu a habitar y obrar en ti y en tu familia.
5. También pueden ungir y orar por su hogar como familia. Una manera de hacerlo es ungir juntos la entrada de la casa y orar para que todos los que entren y salgan experimenten la presencia, la paz, el poder y la provisión del Espíritu de Dios.

¿Por qué seguimos ungiendo con aceite?

En el Nuevo Testamento, los apóstoles imponían las manos sobre las personas para que recibieran el Espíritu Santo. Santiago enseña a los líderes de la iglesia a orar por los enfermos, ungiéndolos con aceite, y que la oración de fe los “salvará” o “sanará”. Hoy continuamos ungiendo con aceite y orando tanto por sanidad como por consagración a los propósitos del Señor.

El aceite no es mágico; es simbólico. Al igual que el bautismo en agua, es un acto físico de obediencia, fe y testimonio público de la obra que el Espíritu está haciendo en nosotros y a través de nosotros. El Espíritu es quien hace la obra. La oración de fe es Su método; la unción es nuestro acto de obediencia. Estos símbolos reconocen que las cosas físicas importan a Dios y que toda nuestra vida es espiritual. La sanidad —incluso por medios médicos— sigue siendo un acto de la restauración de Dios, y solo Él puede hacer las cosas milagrosas que son imposibles para nosotros. Ungir la frente es un símbolo de consagrar nuestra mente y nuestros deseos para buscar a Dios en todo e invitar a Su Espíritu a llenar nuestras vidas. Solo Él puede hacernos completos: cuerpo, mente y espíritu.

¡Con Dios, todo es posible!